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Las palabras en los libros son como el ADN que cuenta una historia antigua

Las palabras en los libros son como el ADN que cuenta una historia antigua

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Hay dos tipos de historia, la que podemos recordar y la que podemos imaginar. La historia que podemos recordar está llena de dioses, tan frívolos y falibles como cualquier vecino, que habitaban el planeta. Había gigantes y gentes extrañas, nadie sabía qué había del otro lado del mundo. En muchos lugares, las gestas de descubrimiento y creación primigenia aún están presentes en las prácticas que guían rituales a diario.

Pero también hay una historia que no recordamos. Una historia que no se escribe pero que deja evidencias a través del paso de los siglos. Inclusive hay historias que pueden ser muy anteriores al tiempo pretérito que la tradición oral logró conservar; tan antiguas que quizás sean anteriores a la palabra misma. Estas historias, aunque no explícitas, quedaron plasmadas en los libros mismos de nuestras bibliotecas y en cada uno de nosotros.


Copiar libros a mano es un proceso extremadamente tedioso y hasta físicamente demandante. Cada vez que un escriba copiaba un libro, existía la posibilidad de que introdujera un cambio. A veces eran involuntarios, como los errores de ortografía. A veces eran intencionales, como corregir un error previo. También se podían censurar pasajes que caían por fuera de la moral de la época, o un copista creativo podía intentar darle claridad a lo que estaba escrito. Durante muchos siglos, no hubo nunca dos ejemplares que fueran realmente idénticos.

Cada copia de un libro, entonces, comenzó a poseer una linea temporal propia. Los errores y correcciones del original aparecerían en la copia. De esta manera podemos inferir el pasado del y el contexto del libro mismo. Por ejemplo, dos versiones con muchas variaciones entre sí, pueden ser un indicio de que era un libro muy popular, dando lugar a muchas copias y copias de copias. También pueden ser un indicio de copistas con demasiado trabajo, que prestaban poca atención, o que tenían una mala formación. De cualquier manera, en la variación del libro es donde radica la historia que no se cuenta en el texto. El contexto social, los temas que resultaban más importantes, la cantidad de lectores que había en cada lugar.

La acumulación de cambios también genera problemas. Cuando los copistas de la antigüedad se tomaban demasiadas libertades, se corría el riesgo de que el texto original quedara completamente desfigurado, a veces ininteligible. También podía dar lugar a dos versiones contradictorias. Este fenómeno había sido detectado ya en los tiempos de la gran biblioteca de Alejandría[@vallejomoreu2019El infinito en un junco: la invención de los libros en el Mundo Antiguo]. Empezó entonces un gran trabajo de recuperación de originales. Los escribas recibieron la labor de establecer versiones corregidas y definitivas de los grandes libros que, a su vez, volvieron a ser parte de la implacable rueda del tiempo y de las copias.


En una cueva en Bulgaria, un grupo de científicos desentierra restos de humanos antiguos. Al analizar sus genomas realizan un descubrimiento fascinante. Dos de los individuos en la cueva, aunque vivieron separados por miles de años, tuvieron antepasados Neandertales en su pasado reciente[@hajdinjak2021Initial Upper Palaeolithic humans in Europe had recent Neanderthal ancestry]. La interacción, mezcla y convivencia entre diferentes tipos de homínidos duró milenios y es muy anterior al tiempo que las más antiguas tradiciones orales recuerdan.

El ADN es un libro que se escribe con tan sólo cuatro letras: A-T-C-G. El texto es lo que nos hace tener dos orejas, un corazón y un cerebro. Pero al igual que con los libros, hay una historia subyacente muy antigua, que comienza incluso antes de que existiera humanidad en el mundo. Cada vez que alguien nace, su ADN es la mezcla del ADN de los padres y a veces se incluyen pequeños cambios. Alguien, hace alrededor de 10.000 años en las costas del Mar Negro, nació con ojos azules. Fue la primera persona con esa característica y la que dio origen a todos los que hoy tengan ojos azules[@eiberg2008Blue eye color in humans may be caused by a perfectly associated founder mutation in a regulatory element located within the HERC2 gene inhibiting OCA2 expression].

Al igual que con los libros copiados manualmente, las bibliotecas genéticas en cada uno de nosotros cuentan historias mucho más antiguas que las que podemos recordar individual o colectivamente. Pero no todos los cambios y modificaciones persisten en el tiempo. Al igual que los escribas de Alejandría, las células poseen mecanismos para detectar errores en las copias y corregirlos. Los errores de ortografía pueden ser fáciles de identificar y corregir. Otros cambios, a veces, pueden pasar inadvertidos hasta que un día alguien, en algún lugar, nace con ojos de un color que nadie tuvo antes.


Los libros nos cuentan dos tipos de historias. Las historias que están escritas en ellos y las historias que están contenidas por ellos. Los errores que se acumulan, los intentos de corrección, las inconsistencias entre versiones que tienen lineas temporales diferentes. De la misma manera, cada una de nuestras células tiene en su interior la historia entera de sus antepasados. Primos lejanos que no recuerdan pasados similares, tienen en sí mismos las marcas indelebles del paso del tiempo.


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