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El secreto de Antoni

El secreto de Antoni

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El microscopio es una herramienta que hoy en día está presente en escuelas, laboratorios y hospitales. Nos permite ver una parte de la naturaleza que siempre estuvo a nuestro alcance pero a la que no teníamos acceso simplemente con nuestros ojos. Si hoy en día, a pesar de saber lo que vamos a encontrar, mirar por un microscopio nos transporta a otro universo, sólo puedo imaginar cómo habrá sido para los primeros pioneros de la técnica, allá por el siglo XVII.

Para aquellos que, como yo, viven en un país lluvioso, seguramente les sucedió que una gota cayó encima de la pantalla del teléfono. Prestando un poco de atención, se puede notar que los píxeles se ven bastante grandes y con mucha nitidez. La gota actúa como una lente de microscopio. El mayor problema es que el agua es difícil de controlar, se evapora y se mueve apenas queramos hacer algo.

Foto del microscopio de Antoni van Leeuwenhoek. Tomada de Cocquyt 2021

En el siglo XVII, un comerciante Holandés estaba intentando resolver un problema que tenía: cómo podía hacer para saber la cantidad de hilos que tenían las telas que compraba y que no sería estafado por sus proveedores. Sus contemporáneos, quizás inspirados por gotas de agua sobre hojas, ya habían empezado a experimentar con la fabricación de lentes de vidrio para poder ver cosas pequeñas.

Inspirado por estas nuevas técnicas, Antoni van Leeuwenhoek desarrolló microscopios que le permitían ver la cantidad de hilos en las telas que compraba y vendía. Gracias a su propia curiosidad, no tardó en comenzar a observar cualquier aspecto de la naturaleza que lo rodeaba. Él fue el primero en observar espermatozoides y bacterias, estudió la estructura de las plantas y la anatomía de los insectos. No en vano se lo considera el padre de la microbiología.

Algunos argumentan que el hecho de ser un citizen scientist le permitió no estar limitado por el cánon científico de la época y le dio la libertad de poner cualquier tipo de muestra bajo sus lentes sin estar precondicionado. Los resultados obtenidos fueron sin duda alucinantes gracias a que los microscopios tenían una calidad impresionante, aún para estándares modernos. A lo largo de su vida se estima que fabricó unos 500 microscopios, aunque sólo una decena sobrevivieron hasta hoy.

A pesar de lo prolífica que resultó la producción, van Leeuwenhoek siempre mantuvo en secreto cómo fabricaba las lentes que empleaba en sus diseños. Esto le confirió algún aire de misterio a las técnicas empleadas, que se extendió incluso hasta nuestros días.

Robert Hooke, contemporáneo de van Leeuwenhoek y secretario de la Royal Society en Londres, estaba particularmente interesado en la reproducibilidad científica y le pidió repetidamente al científico holandés que revelara los métodos de producción de sus microscopios. La Royal Society llegó a enviar a un científico para que evaluara los métodos de producción de las lentes, pero el esfuerzo fue en vano. Van Leeuwenhoek estaba más interesado en mantener sus procesos en secreto.

Quizás el hecho de no haberle dado importancia a la reproducibilidad de sus descubrimientos es una de las razones por las que su nombre no sea tan conocido como el de otros científicos de la misma época. Sin poder repetir los experimentos, se debía confiar ciegamente en su palabra, por lo que sus observaciones no tardaron en ser cuestionadas. Van Leeuwenhoek no tenía credenciales académicas, ni hablaba otros idiomas además del neerlandés. Pero nada de todo esto le impidió seguir trabajando, observando, y difundiendo sus resultados.

Una de las mayores dificultades al analizar las lentes que sobrevivieron es que las características ópticas y las técnicas que van Leeuwenhoek dijo que empleaba no coincidían. A principios del siglo XX se llegó a especular sobre métodos de producción alternativos y olvidados. La verdad es que sin poder conocer la forma exacta de las lentes y cómo estaban posicionadas dentro de las placas de bronce que forman el cuerpo del microscopio, poco se podía hacer más que especular.

En 2021, 350 años después de la fabricación de los primeros microscopios, un grupo de científicos en Holanda decidió usar una técnica conocida como tomografía de neutrones[@cocquyt2021Neutron tomography of Van Leeuwenhoek’s microscopes] para estudiar su estructura. Se trata de un método que permite ver el interior de los objetos casi sin importar de qué están hechos. De esta manera se puede reconstruir un modelo en tres dimensiones incluyendo el interior de las partes metálicas y las lentes que forman los microscopios.

De los dos microscopios analizados, uno poseía una lente que había sido pulida. Es una técnica muy similar a la que se empleaba para fabricar lentes para telescopios. El resultado son microscopios con un poder de resolución intermedio. Este resultado no es particularmente llamativo porque era el método que el propio van Leeuwenhoek decía que utilizaba. Además las propiedades ópticas siempre estuvieron en línea con lo que se esperaba.

Lente usada en el microscopio de van Leeuwenhoek. Tomada de Cocquyt 2021

La mayor sorpresa vino al estudiar el segundo microscopio. La lente usada era una lente globular con un pequeño tallo saliendo hacia el costado. Este resultado era completamente inesperado. Primero, porque van Leeuwenhoek explícitamente había dicho que las lentes esféricas no podrían haber sido colocadas dentro de sus microscopios, no había suficiente espacio entre las placas de bronce. Segundo, porque el tallo es el resultado de usar la técnica de fabricación que Hooke había desarrollado y no una técnica secreta como se creía.

Es importante en este punto también destacar que el secreto de los microscopios radica no sólo en la lente empleada, sino también en controlar con mucho cuidado la apertura a través de la que se observa. Una apertura muy grande hace que la lente globular deforme las imágenes, mientras que una apertura muy pequeña no deja que pase suficiente luz. Sin dudas van Leeuwenhoek estaba al corriente de todo el conocimiento de óptica del momento y lo aplicó a la construcción de sus instrumentos.

Hooke pasó décadas insistiendo para saber cuál era el secreto de los microscopios, pero jamás podría haber imaginado que era su propio método el que los hizo tan poderosos. Por más de 150 años la capacidad de los microscopios de Antonin van Leeuwenhoek no pudo ser superada y todo fue gracias a una técnica compartida públicamente y llevada hasta los límites máximos de calidad. Hooke nunca recibió el crédito que se merecía y se convirtió, quizás, en el científico más infravalorado del siglo XVII. Newton también fue responsable de la desgracia de Hooke, pero eso es una historia para otro momento.

La celosía científica comenzó hace mucho tiempo pero también el esfuerzo por la transparencia y la reproducibilidad. Ambos tomas son problemas relevantes hoy en día y a los que los científicos contemporáneos les dedican mucha energía.

El secreto mejor guardado de Antoni fue utilizar un método de fabricación conocido pero declarar públicamente que no lo usaba.


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